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viernes, 14 de septiembre de 2012

En el día de la Independencia... siente una española a su mesa

La vida tiene ironías. Ironías como residir en México y que por segundo año consecutivo me toque vivir la fiesta patriótica por excelencia: el día de la independencia. El 16 de septiembre de 1810 el cura Hidalgo "dio el grito" que daba inicio a la sublevación contra la autoridades del Virreinato de la Nueva España y tañó las campanas de la Iglesia de la parroquia de Dolores. Así, el pueblo mexicano se levantó en armas contra las autoridades españolas que habían abdicado el poder a favor de los franceses. Con este gesto se puso fin a la colonización y como recuerdo de estos hechos cada año, a las 11 de la noche del 15 de septiembre el Presidente de la República, los Gobernadores de los Estados, los jefes municipales y hasta los delegados salen a los balcones de las plazas públicas a tocar las campanas portando la bandera nacional, para con las siguientes frases empezar los festejos con fuegos artificiales: 

¡Mexicanos!
¡Vivan los héroes que nos dieron patria!
¡Víva Hidalgo!
¡Viva Morelos!
¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!
¡Viva Allende!
¡Vivan Aldama y Matamoros!
¡Viva la independencia nacional!
¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!

Y aquí estoy yo. Presente ante la multitud que compra en los puestos callejeros banderas para adornar balcones, coches, autobuses y salas de fiesta. Compran cinturones, cintas para el pelo, horquillas, diademas con luces, camisetas, vestidos, collares y globos todos con los colores de la bandera: verde, blanco y rojo. Se venden cohetes y fuegos artificiales para que ninguna casa se quede sin hacer ruido. Las plazas se adornan con guirnaldas, con luces de colores se representa a los héroes de la independencia. En cada barrio se da la bienvenida a las fiestas más patrióticas. Se prepara el desfile militar, se cortan calles y se vende alcohol, mucho alcohol para festejar que México es un país libre de los colonizadores. Las casas huelen a pozole, a tostadas con crema, a chiles en nogada.

Las ironías de la vida hacen que todo el mundo me recomiende que ese no saque a pasear mi camiseta de la selección española con la que celebré el triunfo en la Eurocopa. Piensan que sería una provocación y yo no he venido aquí para hacer experimentos sociológicos.

Pasado el 15 y 16 de septiembre todo volverá a la calma. Se barrerán las calles, se desmontarán los escenarios, desaparecerán los puestos de motivos patrios, las banderas quedarán olvidadas en los balcones a merced de la lluvia. El olor a pólvora desaparecerá y todo volverá a ser como siempre. En el discurso popular desaparecerá el odio al colonizador y España volverá a ser considerada "la madre patria".

Si me preguntan qué voy a hacer estos días: pues seguir las tradiciones del país que me da asilo. La noche del 15 será para el festejo, la música, el baile y las bebidas (además de celebrar un cumpleaños). El 16 será la comida familiar en casa de Blanca con su pozole, sus tostadas y sus chiles en nogada (todo un desafío para mi dieta). Será el día de los brindis, del hermanamiento y los agradecimientos por mi parte por todo el cariño y la buena acogida que este país, y en especial esta familia me han brindado.

FELICES FIESTAS PATRIAS

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